jueves, 8 de enero de 2009

LIMA, MI AMIGA. HUUM!! ¡¡QUIÉN LO DIRÍA!! (I)

LIMA, MI AMIGA. HUUM!! ¡¡QUIÉN LO DIRÍA!! (I)

La detestaba. Por lo que representaba (y aún representa). Por lo simbólico, emblemático y su real hipercentralismo. Las mayores temporadas que pude pasar acá, en Lima, fueron durante mi infancia y parte de mi adolescencia. Eran las temporadas de vacaciones. Nunca me ocurrieron cosas desagradables, sino todo lo contrario (tenía amigos y amigas, jugaba y besaba, habían emotions, jajajaja!!!)

Cuando pude decidir por mí mismo, venía solamente cuando era necesario y por breve tiempo; unos días, una semana era el máximo de tiempo. Y regresaba casi corriendo a mi tierra. A reencontrarme con el radiante Sol, viendo y girando con los brazos abiertos el celeste y límpido cielo amazónico loretano,
recibiendo en mi rostro despejado la inesperada garúa primero, y luego la irreverente y persistente lluvia aún estando el Sol presente. Eran épocas de reencuentro con todo, con todos y con todas. Eran épocas.

Pero ahora, en estos tiempos, en que mi estadía está siendo una de las mayores en mi vida (pues ya voy por los nueve meses); Lima me ha guiñado el ojo, se ha coqueteado conmigo, se ha vuelto simpática (o así la veo ahora) y ya me está cayendo bien, mucho mejor que antes. Será que no la quería ver. Pero ahora, en tiempos de transición y restauración personal, me ha acogido tan pero tan bien, que ya me ha empezado ha agradar. Y a esto han contribuido los Ángeles que viven alrededor mío: aquellos que no los podemos ver (pero están) y aquellos que los vemos (o los veo) cada día. Hubiera sido imposible encontrar la paz, la armonía y la tranquilidad sin ellos; y nunca hubiera podido ver a Lima como ahora la veo.

He recorrido sus calles caminando en altas horas de sus noches, y en tempranas horas de sus madrugadas. Y siempre las ví vacías, calmas, apasibles, reconfortantes, libres, inesperadas.

También he recorrido sus calles caminando por sus mañanas, por sus tardes y entradas sus noches. Y las llegué a ver entretenidas, apuradas, bulliciosas, desesperadas, graciosas, alegres, huachafas, atrevidas, irrespetuosas, provocadoras y provocativas. Y aprendí a observarla, a escucharla, a tenerle paciencia, a tenerle calma, a conocerla. Aprendí a respetarla.

Cierto día, caminando de madrugada, a las 5 y tantos de la mañana, repentinamente sentí que una mirada estaba fija en mí. Enfrente venía una persona agarrando una bolsa con panes, caminando agraciadamente y siendo lo más femenino que le fuera posible. A medida que la distancia se acortada, él esbozaba una sonrisa que cada vez era más visible e indubitable. Al momento de cruzarnos, y él con la misma expresión, fue inevitable que alzara una ceja e hiciera una mueca como sonrisa de medio lado. Jajajajajaja!!! Fue lo más gracioso que me sucedió. Ya solo y sin mirar atrás, dejé salir una amplia sonrisa que casi se convierte en carcajada. Era por la circunstancia, no por burla ni menosprecio. Era por lo inusual para mí.

Otro día, casi a media mañana, mientras esperaba que me entregaran un documento personal que había tramitado un par de horas antes; volví a sentir que una mirada estaba fija en mí. Provenía de una agradable señora entradísima en años, que a su costado tenía a quien parecía ser su esposo. Le respondí con una leve inclinación de cabeza y una breve como cómplice sonrisa. Y luego, muy discretamente, me moví para salir de su campo visual. ¿Que qué pensaba? Realmente no lo sé. Quizá que aquí, como en cualquier otro lugar, todo puede suceder.

Y otros días y en otros momentos, un gesto de amable saludo, una mirada de más; pueden significar puertas entreabiertas para que cualquier cosa pueda suceder. Hasta ahora, todas esas puertas las he cerrado por voluntad propia. Duro y difícil, sí. Posible también. Porque ahora puedo decir, que lo puedo hacer.

¿Y a qué viene todo esto? Pues creo que a cierta nostalgia pre y post navideña, por cierto que también casi inevitable. Y, bueno, no es que me haya enamorado de Lima, y desee quedarme. Quién sabe. Me quiere cautivar, sí. Pero sólo es mi amiga. Sucede que, si el Señor quiere, pronto tendré que alzar vuelo. A la acción política directa. A volver a encontrarme con la gente. Nuestra gente. Mi gente. Por fin. Por esto.

Gigi - bla bla bla


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